Aprender a Desaprender
Publicado el 3 agosto, 2015

Los números son importantes. Muy importantes. No recuerdo cuando lo descubrí, pero al llegar a la escuela lo supe con certeza. Los números son muy importantes.

Estaban esos “números” que eran vitales para sobrevivir.

La cartilla Palau número 1, número 2 y número 3. Llegar a la cartilla Palau número 3 era vital. Para llegar a la número 3 tenías antes que pasar por la número 2. Para ello tenías que terminar aquella última página de la cartilla anterior. Era la página sin dibujos. Cada día la profesora decidía que pasabas ( o no ) de página al oírte leer. Llegué a esa última página una mañana. La profesora decidió que tenía que volver repasar y empezar desde el principio. Eso no era justo. Así no llegaría jamás a la cartilla Palau número 3.

Ya había vivido esa injusticia en el juego de la oca cuando te comían una ficha y volvías a la casilla de salida. Pero aquí, con otras personas desconocidas, volver a empezar no sólo era injusto, eso no era nada bueno.

En casa también había números y números injustos. Yo era la 5. Y el número 1 era muy importante. Pero los número pueden cambiar. Un número 4 puede ser un número 1. Mi hermano era el número 4 pero era el número 1 de los chicos. No entendía porqué un número 4 podía ser un número 1 sólo porque fuera chico. Era el número 4 y punto. Yo también era el número 4 de las chicas y no por eso pasaba a ser el número 1. ¿O sí podría? ¿Cómo?

A mí lo que me gustaban eran los “números justos”. Los números de los años que tenías marcaban las pesetas que el domingo recibías. 7 pesetas era mejor que 5 pesetas porque te permitía comprar más cantidad o variedad de lo que vendían en aquel kiosquillo del parque. Esos números sí que me gustaban porque los entendía. Me parecían números justos. Tenías que esperar al número de tu año, 11 de junio, para que pudieras pasar a una cifra más y recibir una peseta más. Y eso era bueno, muy bueno.

Y luego estaban los “otros números”. Portal 32. Piso 4. Esos eran importantes para saber que botón apretar en el ascensor. Marisa Abascal colocaba su bata en el colgador número 1 y Clara Isabel Lesmes en el número 42. Y esos también eran importantes para saber en qué orden entrabas en la fila en clase o recogías los caramelos que repartía la cumpleañera. No entendía por qué era así, pero no me disgustaba mi número 22. No eran justos o injustos. Eran así y punto. Y no podías hacer nada para cambiarlos.

Sin embargo, cuando aparecían aquellos números injustos… El miedo a no conseguir el número que necesitaba para vivir me movió a aprender, poco a poco primero, a grandes pasos después.

Algunas personas podían hacer que los números cambiaran. La profesora hacía que yo siguiera en la cartilla número 1 durante más tiempo que las demás niñas. Mi padre dijo a mi hermana la número 3 que tenía que lograr que yo pasara a la cartilla palau número 2. En el mundo de los números injustos, las personas que podían hacer cambiar los números, o hacer que yo los cambiaran eran personas importantes. Eran las personas importantes del mundo de los números injustos.

Y la hermana número 3 y yo pasamos un verano las dos sentadas en una butaca de la habitación. Entre las dos no sumaríamos imagino más de 12 años. Lo sospecho porque cabíamos las dos en aquella butaca, y parece imposible que dos traseros pudieran caber en aquel mínimo espacio. Mi hermana intentaba lograr que yo fuera capaz de unir algunas sílabas seguidas: “mi ma ma me mi ma a mo a mi ma ma,” Todo aquel esfuerzo en verano, para conseguir cambiar un número.

Salir del mundo de los número de mi familia al mundo de los número de la escuela me producía miedo. La noche ante de comenzar el colegio no me podía dormir. La imagen de aquel cartel en la puerta del colegio: “HIC SUNT DRACONES”. Esa frase que en latín significa “Aquí hay dragones”.  La seguí viendo durante años cada noche. Mas adelante supe que la utilizaban los cartógrafos medievales para señalar en sus mapas “lo desconocido”, el más allá  ignoto, los espacios vacíos;  es decir, aquellas regiones sobre las que no tenías ningún tipo de conocimiento.  Esta indicación producía en mí mucho miedo. Pero me aventuré en lo inexplorado como hacían los otros 4 números anteriores de mi familia.  El número 6 y 7 de mi familia aún no podían entrar ahí.

Tras lograr pasar la puerta con aquel cartel en latín, me encontré con riesgos e incertidumbres, sí. Y también con grandes oportunidades de una vida nueva que decían parecía mejor. Me encontré con otras personas con otras formas de hacer. Ahora comprendo que también con miedos, con otros miedos, sus miedos. Fui descubriendo el mapa de cómo caminar por zona de Dragones. Y andando por el camino del aprendizaje, aprendí que hacer para cambiar esos “números injustos”. ¿Cómo las personas importantes?

La dedicación y esfuerzo de aquel verano logró cambiar el número de mi cartilla Palau y pasar de curso. Ese esfuerzo había surgido para solucionar aquel problema que yo tenía en el aprendizaje de la lectura en el mundo de los números injustos. Existía una energía que lograba el cambio, provenía del deseo de salir de algo indeseable, surgía del miedo por no permanecer ahí durante más tiempo, Era la energía que provenía del miedo.

Pero existía también otra energía, la del aprendizaje proactivo. Esa fuerza para el cambio surgía del deseo de alcanzar un objetivo o visión. Cuando sentía esa tensión emocional y creativa la podía resolver de dos maneras: subiendo mi realidad actual hasta la altura de la visión, o bajando la visión hasta mi realidad actual. Yo decidía casi siempre resolver esa tensión subiendo a la altura de la visión. Me hacía sentirme bien, como si aumentara mi nivel de adrenalina. Así lo había aprendido en aquellos primeros años de la escuela. Subir números solía ser bueno en el mundo de los números injustos.

Así era mi mapa de aprendizaje en zona de dragones: tomaba conciencia de la brecha que había entre ese objetivo y mi realidad. Establecía un objetivo y me comprometía con el aprendizaje. Dedicarle tiempo y espacio abundante de mi vida a lograrlo, era de vital importancia. También era clave, ponerme en manos de una de esas personas importantes del mundo de los números injustos que tenía autoridad en la materia. Yo les cedía la mía para que me dijera cómo tenía que hacer para aprender y lograr cambiar ese “número injusto”.

Practiqué durante 10000 horas para desarrollar la habilidad de tocar al piano esa partitura de Chopin que correspondía al más alto número de la carrera de piano. Con hábito, disciplina y esfuerzo había logrado cambiar algunos número … Tenía el mapa de carreteras para moverme en zona de Dragones. ¿o no?

No siempre el final del aprendizaje era lo que esperaba, o imaginaba. De nada servían aquellas 10.000 horas de práctica y aquellos aprendizajes para superar las pruebas y obtener un buen número, si no me servían para utilizarlo en nuevas situaciones y superar situaciones de insatisfacción en la vida. Creo que todo se vino abajo porque en el mundo de las relaciones lo aprendido en el mundo de los números no funcionaban. Cuando se trataba de un resultados deseado en el ámbito de las relaciones, no funcionaba de la misma manera. No lograba que él me quisiera como a mí me gustaría que me quisiera. Y lo intenté llegar con todos los mapas que tenía y me habían servido de gran utilidad. Pero en el mundo del amor eso no funcionaba así. Esfuerzo, dedicación, trabajo, disciplina… No.

Empecé a sentir miedo. Más miedo aún. Cada vez que me adentraba más en el camino del aprendizaje veía hacerse más grande lo desconocido y el miedo crecía sin cesar. El camino del aprendizaje se convirtió en un camino sin fin, y cada vez más espinoso y empinado. Las áreas de incompetencias eran infinitas. Cada vez que aumentaba mi conocimiento el contacto con lo que no sabía también era mayor. La brecha entre lo que podía y no podía, lo que sabía y lo que no sabía, lo que tenía y lo que quería era infinita. Y el acortar esa brecha agotador. Las conversaciones privadas de no puedo, no tengo tiempo, no soy capaz, inundaron mi cabeza. Me estaba quedando sin fuerzas como si la energía que me ponía lograr un reto se estuviera llegando a su fin.

Puse en marcha mecanismos de autodefensa. Pensaba que ya lo sabía todo lo que necesitaba saber. Ahora me diagnosticaría de ceguera temporal . Pensé por aquella época que me podía convertir en una experta de algo. Dije, si descubro mi talento y para que soy buena me dedicaré toda la vida a realizarlo. Pronto descubrí la fisura, convertirme en aquellas personas expertas incompetentes que habiendo alcanzado un cierto nivel de competencia, ignoran los cambios en las condiciones del entorno.

Había trabajado duro para entender el mundo de los números injustos y actuar en consecuencia en línea con mis ideas elaboradas sobre él. Pero me costó aún más soltarlas cuando se volvieron inútiles. Tuve que superar contantemente lo que había aprendido en el pasado y incluso desaprender un buen puñado de aquellos aprendizajes. Mapas de rutas que me sirvieron en un mundo y que no servían para el actual. Desaprender era un reto que no me había marcado, curioso. Había dejado que me enseñaran a no cuestionarme las verdades que me enseñaban… (Continuará)

Sin desafíos no hay crecimiento.
Publicado el 6 noviembre, 2014

En ocasiones e irremediablemente aparecen retos inesperados: la enfermedad o muerte de una persona cercana, unas expectativas defraudadas, una perdida afectiva, un despido, la ausencia de reconocimiento profesional, la disminución de determinadas habilidades físicas que tenías.

De ti depende verlo como una dificultad o como una  invitación de la vida a buscar dentro de ti, a dar lo mejor de ti misma y transformarte positivamente. Puedes eliminar la carga del sufrimiento. El dolor es inevitable el sufrimiento opcional.

Las dificultades forman parte del guión,  son invitaciones de la vida para conocerte mejor  y desarrollar tus capacidades. Pilar Jericó las denomina: Llamada del cielo ( aventuras que buscas intencionadamente) y llamadas del trueno ( sucede algo insospechado que hace temblar el suelo que te sostiene. ¿Quién podría imaginarse algo así? ).

Vive y vibra con las situaciones  y cambios de la vida con total intensidad y plenitud.

Recuerda que lo único que no cambia es que todo cambia. Cada 24 horas se renuevan las células del páncreas, cada 30 días el 98% de las proteínas del cerebro. Cada 7 años se renuevan absolutamente todas las células del cuerpo.

 

Acompañando en la muerte
Publicado el 1 noviembre, 2014

Dice la reconocida psiquiatra suiza Elizabeth Kübler- Ross, especialista en el acompañamiento de  personas moribundas;  “Bastaría con que comprendierais que nada de lo que hay en vuestro camino es negativo; lo repito: absolutamente nada… No son más que regalos que se os hacen, ocasiones de crecer que se os dan.”

Gracias a los errores que cometiste, o que te permitiste cometer, hoy puedes acompañar a otras personas y equipos en su aprendizaje.

 

 

¿No tienes nada que aprender?
Publicado el 29 mayo, 2014

Si piensas que hoy no tienes nada que aprender, piénsalo mejor.

Se van a dar cuenta de que no sabes
Publicado el 20 mayo, 2014

En una conversación, al oír hablar en una reunión, noticia en televisión, en ocasiones te preguntas ¿de qué están hablando? . Si preguntas, descubrirán que no sabes.

Ten en cuenta que si escribes todo lo que sabes, esa lista por muy larga que sea, llegará un momento que tendrá un final. Y ten en cuenta que si escribes todo lo que no sabes, lo que te falta por aprender y posibles futuros aprendizajes, esa lista será infinita.

Imagínate que pones todo tu conocimiento en una esfera y que la superficie exterior de la esfera es el contacto con lo que no sabes. !Descubrirás que cada vez que aumenta tu conocimiento el contacto con lo que no sabes también será mayor!

Di con un humildad : “Sólo sé que no sé nada”. Irá en aumento.

La diferencia entre saber y hacer
Publicado el 3 mayo, 2014
Lee lo que dice Enrique Sacanell en su blog. Comienza así:
Cuenta la leyenda que hace muchos muchos años, hubo una mujer fascinada por la filosofía. Visitó las principales bibliotecas que existían en el mundo conocido y se convirtió en una de las mayores eruditas en la materia.
Su conocimiento filosófico le hizo apreciar la profunda belleza de las matemáticas. De nuevo estudió cuanto se había escrito en torno a las matemáticas y se convirtió en una de las matemáticas más ilustres de su época.
Filosofía y matemáticas la llevaron a interesarse por la historia de la humanidad y del conocimiento que ha ido generando. De esta forma llego a ser también una de las mayores expertas en historia de la ciencia y el conocimiento.
Para asentar los conocimientos que iba adquiriendo le gustaba pasear junto al mar. Una tarde de verano descubrió asombrada a una persona que se deslizaba por el agua con una habilidad hipnotizante. Se quedó fascinada y se dirigió de inmediato a la biblioteca más cercana para buscar cuanto se había estudiado y escrito sobre el hermoso arte de nadar. Al cabo de unos meses ya era una de las personas que más sabía sobre la natación, su fundamento físico, las técnicas más adecuadas,… Poco después murió ahogada al adentrarse en el mar con intención de darse un baño.
El “herror” te hace crecer
Publicado el 22 abril, 2014

Nunca podrás fallar, porque todo resultado, sea cual sea,  siempre será una oportunidad de aprendizaje.

 

¿Qué te impide aprender y avanzar?
Publicado el 19 abril, 2014

La vida es un aprendizaje decía tu abuela. Sin embargo no te decía los obstáculos que aparecen y te impiden realizarlo:

Ceguera: piensas que ya sabes todo lo que necesitas saber.

Miedo: a no ser capaz, a declarar tu ignorancia ante otras personas

Vergüenza: Miedo a mostrarte vulnerable y que vean tus limitaciones, miedo al ridículo

Auto-conversaciones de no puedo, no tengo tiempo, no soy capaz.

Impaciencia y ansiedad: quieres aprender rápido y ver los resultados ya.

Desconfianza en ti misma o en la otra persona de la que puedes aprender

Victimismo: Pensas que no aprendes o no avanzas por culpa de las otras personas.

Jantipática
Publicado el 17 abril, 2014

Según Aulo Gelio, escritor romano (s.II ) Sócrates tuvo como pareja a Jantipa, una mujer terca y amargante, para poner a prueba su paciencia y así conseguir estar en paz con todo el mundo.

Esa persona tan conflictiva y opuesta a ti, puede ser tu mejor maestro.

Pierde el equilibrio
Publicado el 12 marzo, 2014

El mayor obstáculo es tu  modelo mental conocido, que tiene por defecto, un mecanismo interno de auto-preservación.

Tu sistema inmunológico se encarga de prevenir el cambio, intentando por todos los medios conservar el equilibrio aunque lo que tengas conocido te cause sufrimiento. Para avanzar y moverse siempre es necesario perder el equilibrio y apoyarse en una sola pierna. Esto es lo que puedes propiciar.

Toma conciencia y acepta que no sabes como son las cosas, sólo sabes cómo las interpretas desde las creencias y cultura en la que has nacido y estas ubicada

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ACTIVIDADES PROGRAMADAS 2017

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