Es “interesante” observar ver como intentas controlar a tu cuerpo cuando el cerebro toma sus propias decisiones sin que tengas tanto margen de maniobra.
Tu cerebro controla el hambre y el gasto energético. Es tu cerebro el que decide cuánto “debes” pesar y si te sales de dicho rango, te emite señales para regresar a él, ensalivando si hace falta para comer aún más.
Además de la huella histórica de tu cerebro, tu cuerpo funciona de un modo inteligente y preciso: si consumes menos alimentos, tu organismo consume menos energía para mantener el equilibrio. Sandra Aamodt dice que después de una bajada de peso, el cerebro trabaja durante los siguientes siete años para recuperar lo perdido. Y si nos mantenemos durante una época con unos kilitos de más, puede decidir que ese es nuestro peso ideal.
Más allá de incorporar a tu cuerpo una alimentación sana, come con más consciencia, aprende a entender las señales de tu cuerpo: come cuando tengas hambre, para cuando estés llena y, sobre todo, cuando estés cansada no lo pagues con tu cuerpo.
De este modo, vas creando un nuevo hábito a tu cerebro. Quizá si pones esto en práctica y educas a tus hijas en esta consciencia, la relación con los alimentos sea más saludable, estas más a gusto con tu cuerpo y ganarás en calidad de vida.


