Desde niña tuviste miedo. Miedo a perderte, miedo a que te echaran la bronca, miedo a que se enfadaran, miedo a no gustar, miedo a no llegar, miedo a suspender, miedo a quedarte sola y morir sola. Miedo a vivir.
En aquellos momentos la familia, las amigas, la religión, tu formación, el trabajo y una serie de creencias con las que identificarte, -que heredaste o que adoptaste como propias- fueron como un chaleco salvavidas. Esconderte en la manada, calmaba en parte tu miedo y te permitía esquivar el peligroso conflicto.
Te creaste una identidad que te permitía sobrevivir y encontrar un lugar en un mundo tan grande. Te creaste una identidad que te proporcionaba seguridad y que incluso podrías exponer con orgullo en algún momento.
Y hoy continuas aferrándote a esa identidad personal y social creada. Hoy te está costando romper muchos vínculos personales y sociales, aunque no te hacen feliz. Has invertido mucho y te juegas mucho.
Toma conciencia. Ve y anda tu camino. Vuela con rumbo propio.


