Vas aprendiendo la diferencia entre tocar como solista y tocar música de cámara. Vuelve a ver la película «El último concierto» y observa cómo se comportan.
Esfuerzo, dedicación, disciplina, respeto a las normas y amor incondicional al equipo y su proyecto por encima de todo. Cuatro grandes profesionales que logran sacar un sonido único y compacto como si se tratara de una sola voz, que conmueve y hace llorar al público. Un resultado excelente que deja atrás las necesidades, deseos, situaciones y ambiciones personales de cada uno de sus miembros.
Y aparece el conflicto, incertidumbre ante el cambio, la despedida de uno de sus miembros, conversaciones pendientes de los egos y emociones reprimidas. Otros miembros del equipo te enjuician cuando tú no estas presente. Quieres cambiar la etiqueta y lugar en el que has permitido que te coloquen durante tiempo. Escuchas que no das la talla. Te sientes inferior. Relaciones que se tejen más allá del proyecto y tu te quedas fuera. Tomas conciencia de que un error inapreciable para el público como solista, sin embargo en equipo, este podrá disfrazarlo o engrandecerlo.
Es el momento de disolverse o … una vez más poner por encima de todo el proyecto y al equipo: escuchando, cediendo, permitiendo, cambiando, aceptando y perdonando.
No te engañes, más retador que ser una buena solista será saber tocar música de cámara. Un gran aprendizaje.


