Estas en un río de aguas que fluyen rápido. Tienes miedo y te agarras a una rama de la orilla. Aun así tienes un «gran sufrimiento».
Suéltate de la orilla y déjate llevar hasta el medio del río. Mira quién está allí en medio contigo y celébralo.
Si no actúas con tu necesidad de placer o tu miedo al dolor, si te quedas en el medio abierto descansando y relajada en ese estado intermedio, sentirás cómo es vivir sin las ataduras del miedo.


